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PREMIO NOBEL DE MEDICINA A DOS ESTADOUNIDENSES Y UN SUECOEl Premio Nobel de Medicina del año 2000 será para tres científicos -dos estadounidenses y un sueco- que desentrañaron gran parte del "software" del cerebro humano. Sus hallazgos sobre las células del cerebro -las neuronas- y los circuitos que traman entre sí para comunicarse dieron (o pueden dar) lugar al desarrollo de drogas para tratar el mal de Parkinson, la esquizofrenia o la depresión. Paul Greengard, Eric Kandel y Arvid Carlsson (el último, de nacionalidad sueca) se repartirán los 915 mil dólares que recibirán en diciembre por ser pioneros en realizar distintos descubrimientos sobre "la transducción de señales en el sistema nervioso", según justificó el jurado del Instituto Karolinska, en Suecia. Con los conocimientos que aportaron desde la década del cincuenta en adelante, los tres investigadores -que superan los setenta años- permitieron saber más sobre el funcionamiento normal del cerebro: revelaron los programas que controlan la memoria y el aprendizaje. Pero también brindaron datos sobre los momentos en que estos programas se "cuelgan", cuando las perturbaciones resultantes provocan desórdenes neurológicos y psiquiátricos. El cerebro, el órgano que cumple funciones tan misteriosas como admirables -como el pensamiento, la inteligencia o la coordinación del movimiento y de los sentidos- tiene más de mil millones de neuronas. Ellas están conectadas a través de una red compleja de procesos. Para mandarse mensajes entre sí, hay diferentes transmisores químicos. Y el intercambio de información (o la "transducción de señales" entre las células, se da en puntos especiales de contacto, llamados sinapsis. Teniendo en cuenta estas intimidades, cada uno de los investigadores aportó su gran grano de arena. El sueco Arvid Carlsson, profesor de la Universidad de Gotemburgo, fue galardonado por descubrir que la dopamina es el transmisor de señales que controla los movimientos del cuerpo. De allí a dar una explicación sobre por qué se produce el mal de Parkinson -el trastorno degenerativo que hace que la persona afectada sienta temblores, rigidez muscular, y lentitud de movimientos- había un paso. La falta de dopamina en ciertas zonas del cerebro es una de las causas de la enfermedad. Y Carlsson sugirió también que la droga L-dopa podría compensar la falta de la dopamina y recuperar la función motora afectada por el Parkinson, que padece el actor Michael Fox. En relación a la esquizofrenia, el investigador también postuló la hipótesis de que esa enfermedad mental se debe a la presencia de un exceso de dopamina en el cerebro. Una idea que contribuyó a mejorar el tratamiento disponible para el trastorno que fue descripto con detalles -aunque sin nombrarlo- en El doble, del escritor ruso Fedor Dostoievski. Ayer, minutos después del anuncio del Premio Nobel, Carlsson -ya tiene 77 años y también dio pistas sobre la depresión- dijo que estaba "embargado por la emoción". Eric Kandel, del Centro de Neurobiología y Comportamiento, de la Universidad de Columbia, en EE.UU., halló novedades al seguir de cerca el sistema nervioso de una babosa, la aplysia, que vive en el mar. Al estudiar a este animal invertebrado, descubrió cómo se modifican los puntos de contacto entre las neuronas (de las sinapsis) cuando el organismo aprende y memoriza. "Por medio de shock eléctricos, Kandel tocaba el manto del animal, que se contraía de distinta maneras", recordó Héctor Maldonado, investigador en memoria de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Así, el investigador nacido en Austria pero con ciudadanía estadounidense dio con mecanismos básicos sobre cómo se guardan los recuerdos y cómo se los recupera, que son también replicables en humanos. "Kandel fue el primero en hacer una correlación entre el análisis del aprendizaje a nivel del comportamiento y el nivel molecular", resaltó Maldonado. Sus hallazgos sirvieron para desarrollar medicación para pacientes que, por padecer demencias provocadas por el mal de Alzheimer, pierden memorias. El trío premiado se completa con Paul Greengard, que a los 74 años todavía sigue en su laboratorio neoyorquino de la Universidad Rockefeller, donde también investiga el anterior ganador del Nobel de Medicina, Günter Blobel. Y fue homenajeado porque a fines de los años 60 pudo explicar cómo la dopamina y otras sustancias que transmiten señales ejercen su acción en el sistema nervioso. Cuando se enteró lo del Nobel, decidió donarlo. Será, dijo, "para un fondo que creamos (en la universidad) hace un par de años para asegurar un reconocimiento a las mujeres que se destacan en la biomedicina". Consultados por Clarín, dos expertos argentinos disintieron entre sí y también con el jurado sueco. Para Marcelo Rubinstein, biólogo molecular del Conicet, "Eric Kandel y Arvid Carlsson son dos monstruos de la ciencia -Greengard es menos prestigioso-porque demostraron que la mente no es algo abstracto, es un conjunto de cables materiales que se vinculan con circuitos". En cambio, Mario Crocco, del Centro de Investigaciones Neurobiológicas del Ministerio de Salud, sostuvo que la academia sueca "está confundida" porque premió a expertos "que creen que los cerebros sólo funcionan como circuitos, que las memorias están impresas como en un disco y que las personas son totalmente reemplazables". Diario Clarin - 10-10-00 - Argentina
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